Crónica del ‘marihuanazo’
Uruguay tiene alrededor de 200 mil consumidores habituales de marihuana; 25 mil fuman diariamente.
El 10 de diciembre Uruguay se convirtió en la primera nación en dar al Estado el control de la producción, distribución y venta de marihuana, lo que causó revuelo en todo el mundo. A continuación compartimos la crónica de Fabián Werner, de INFOS, publicada hoy en La República, sobre la histórica votación en el Senado, los festejos callejeros en Montevideo y cómo la nueva ley afectará a cultivadores, consumidores y al resto de los uruguayos.
Son las seis de la tarde del 10 de diciembre y Montevideo disfruta de una cálida tarde primaveral. Turistas, oficinistas, empleados bancarios y empresarios se mezclan por las calles de la Ciudad Vieja, principal circuito turístico y financiero de la capital uruguaya.
A pocos metros de la Catedral Metropolitana, por cuya puerta entran y salen feligreses y curiosos, se instala Walter Cairo, un jubilado de 70 años que junto a toda su familia vive de la venta de artesanías en las calles. Su principal mercadería es la “parafernalia cannabica”, o, dicho de otro modo, los objetos que se utilizan para fumar marihuana.
“Pipas de agua, pipas comunes, pipas de caña, desmorrugadores, tucas, hojillas”. Walter enumera de memoria todo el catálogo de productos que ofrece junto a uno de sus hijos y sus nietos hace 25 años. Sus clientes, lejos de ser adictos o marginales, son los trabajadores y empresarios que circulan por el centro de la capital uruguaya y comparten la “cultura cannabica” con la misma pasión que el clásico mate o el fútbol.
A pocas cuadras de allí miles de personas se congregan en la Plaza Libertad, lugar de concentración de históricas manifestaciones populares. Esta vez la gente se reúne para celebrar la “última marcha contra la marihuana ilegal”. Es que faltan pocas horas para que el Senado apruebe la ley que convertirá al Uruguay en el primer país del mundo en asignarle al Estado la regulación y control de toda la cadena de valor del cannabis: la producción, la distribución y la venta para uso recreativo, farmacéutico e industrial.
Hay un clima de fiesta y un aroma dulzón inunda las calles. La gente ríe, se felicita, se pasa el porro sin miedos, sin vergüenza. Todos tienen la costumbre de fumar en lugares públicos, esperando el transporte, bronceándose en la playa o en un partido de fútbol, sin conflictos con la policía. Muchos piensan que no es casual que esto esté ocurriendo un 10 de diciembre, Día Mundial de los Derechos Humanos.
“El tomate de tu quinta"
Uno de los que encabezan la marcha sostiene los carteles y cultiva su propia hierba hace cinco años es Marcelo Vázquez. Con el paso del tiempo Marcelo se ha vuelto un especialista en floración asistida y eso le permite dominar los ciclos vitales de las plantas (gracias a ambientes controlados de temperatura, humedad y luz) y cosechar sus flores antes de fin de año, cuando en condiciones normales debería esperar al menos hasta abril.
Para lograr estos resultados, quien quiera empezar a cultivar en su casa las seis plantas que le permite la ley debe pensar en una inversión inicial mínima de 500 dólares en equipamiento, sumarle 50 dólares adicionales por el consumo mensual de energía eléctrica de las lámparas y algunos otros gastos menores.
Para un fumador habitual esa es una buena inversión, ya que de este modo se puede tener marihuana propia para fumar todo el año. Esto asegura la buena calidad de la droga y además que no dependerá del mercado negro, que hoy vende 25 gramos de marihuana de mala calidad proveniente de Paraguay a un precio que oscila entre 30 y 40 dólares.
“Lo bueno de cultivar es que con el paso del tiempo se pone gustoso, porque cuando fumas lo tuyo por primera vez es como comer el tomate de tu quinta, lo otro no existe”, cuenta Marcelo, que actualmente cuida cerca de 50 plantas en un invernadero a 45 minutos del centro de Montevideo.
De acuerdo con cifras que maneja el gobierno uruguayo son alrededor de 200 mil los consumidores habituales de marihuana y 25 mil los que fuman diariamente. Todavía no existen datos ciertos del número de cultivadores, pero oficialmente se habla de poco más de un millar en todo el país.
Desde la oposición política los cuestionamientos a la ley quedaron expuestos en la sesión del Senado. El primero tiene que ver con una supuesta improvisación del gobierno, ya que sostienen que se aplicará un sistema inédito en el mundo y por lo tanto se va a “experimentar” con la población. Para el gobierno, en cambio, la ley es el producto de más de un año de elaboración, de consultas con expertos locales e internacionales y comparación de modelos en países como España, Holanda, Portugal o Australia.
También se critica la presunta “ilegalidad” de la ley porque violaría algunos artículos de la Constitución uruguaya y convenciones internacionales firmadas por el país en materia de drogas. Sin embargo, los senadores del oficialismo reivindicaron el derecho de Uruguay a buscar su propio modelo de combate al narcotráfico. Sostuvieron que no viola ningún tratado y puede servir de modelo a otras naciones de la región, tal como señalaron el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, o el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina.
El tercer gran cuestionamiento tiene que ver con el aumento del consumo que provocaría la ley debido al incremento de la oferta. Según los voceros del gobierno, no existirá un incremento en el número de usuarios sino que la oferta de marihuana estatal provocará un traslado de consumidores del mercado negro al mercado regulado, lo cual permitiría conocer con exactitud su cantidad y adoptar políticas educativas y sanitarias para combatir sus efectos.
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